La cansada luna arrojo suspiros a mi frente,
Eran tus recuerdos que invadían mi poesía,
Y de las gotas de lluvia que mojaron mi mortalidad,
Se llenaron lo huecos de mi corazón,
Huecos que dejaste al irte,
Que se profundizaron al alejarte de mi vida,
Sólo las luces del alba quedan,
Para aliviar el frío ardiente que congela mis brazos,
Sólo las luces del ocaso,
Que distraen a mi mente y me llenan de esperanza,
Esperanza a un nuevo día,
A un nuevo amor,
Sólo las luces que la naturaleza me ofrenda,
A cambio de un sentimiento,
A cambio del recuerdo y el dolor,
Pareciera que intenta avivar mi cuerpo,
Cuando las lágrimas intentar escapar dulcemente,
Con esperanza de ser libres,
Y los calidos y coloridos rayos que el sol emana,
Tocan mis mejillas rosadas,
Y alivian apaciguan mis inquietudes de ti,
Poco a poco me olvido del dolor,
Y me regocijo en el semblante de dios a mí alrededor,
Pronto seremos unicamente la naturaleza y yo.
Archivos de: 2006
la naturaleza y yo
*El AmoR y Sus InICIos*
Desperté muy temprano por la mañana, como todos los días, di gracias al señor por tan patética existencia, ¿Qué seria del mundo sin mi hostilidad que caracteriza a un buen día?, bajé las escaleras, cortas de mi pequeña casa de INFONAVIT, y me decía una y otra vez, debiste levantarte más temprano Hermenegildo, cecilia dijo que te llamaría tempranito, y así llegue hasta la cocina, y comí como si no tuviera 18 kilos por encima de mi peso, tome una taza, herví un poco de agua y le agregué una cucharadita de café y cerca de 4 de azúcar más un poco de leche fría, y ahí que suena el teléfono, cogí la bocina con entereza, sin duda alguna de que sería cecilia.-Hermenegildo, hola, soy cecilia ¿cómo estas?¿iremos esta noche a cenar?- obviamente mi respuesta fue una positiva, no digo que ella me parecía una mujer sumamente atractiva, pero tenia lo suyo la condenada, y por tanto podría parecer que yo solamente buscaba algo así como una aventurita de una noche, pero mis verdaderas intenciones eran llegar hasta donde el tiempo y la linda Ceci me permitieran, esa noche me puse mi camisa favorita, una barata imitación de satín al tacto, pero de un de color negro opaco, al contrario del satín, y un pantalón de un color casi idéntico, la lleve a cenar a un restaurante poco elegante de hecho a una fonda a contra esquina de mi casa, ella pidió una tostada de maciza de esa que le echan al pozole, y yo, con mi característica voracidad, pedí una orden de zopes de carne y otra de papas, y como si fuera poco, al final de la “velada” ordene media docena de flautas para llevar, lo que ocurrió en la cena no fue nada importante, pero al llevarla a su casa me invito a pasar, a mi. Cecilia me invito al interior de su casa, en donde se alojaba su privacidad, y ahí dentro, me enamoro, ella no era sólo una mujercita en busca de un hombre mayor que le enseñara a vivir, me hablo con el corazón no hubo más contacto que las palabras, y desde la primera vez que la palabra amor salio de su boca, supe que esto seria duradero, y así fue, ahora, tenemos una bella niña, que se llama ximena, y para ella me encuentro escribiendo este relato, ella lo leerá cuando yo ya no me encuentre, y sabrá que el amor, supera todo defecto y diferencia de edades, que el amor perdura, y que es verdadero, sólo hay que dejarlo entrar a nosotros.
*mi nuevo yo*
hola hola...
Elimine mi blog anterior, y uds. Se preguntaran ¿por qué?¿con que fin? , pues les aviso que seré una persona más positiva, adiós a mis cuentos y poesías que sólo hablan de malas experiencias, y que terminan en suicidios o en homicidios.
Ahora empezaré a quererme a mi misma, y a olvidar la autocompasión, ahora no habra más que la Elvia Yolanda Flores González, feliz y no me dará miedo querer ni ser querida…
Eeeehh tengo una poesía para mi noviecito:
Debe ser en tu honor que le cielo es tan bello,
No encuentro otra razón para tan grandiosa bondad del creador,
Debe ser por tus ojos de diamante embrutecidos que la lluvia moja los campos,
No puede haber otra razón para tan dulce atino,
Debe ser por el color de tu piel y el sabor de tus labios que distinguimos entre la belleza y lo amargo,
No supongo otra razón para que la verdad se asome a nuestro corazón,
Debe ser por tu silencio que mis oídos pueden ensordecerse,
No existe otro motivo para tal dolor del alma.
Debe ser por tu dulce voz que los cantos son gloriosos,
No puede existir otra cognición para tan fino deleite.












